miércoles, 6 de junio de 2012

La demora (Rodrigo Plá, 2012)


Talento y desconcierto

Hay veces que se vuelve imposible reseñar una película sin arruinar su sorpresa principal –este cronista ya se vio forzado a hacerlo, al comienzo de la entrevista de la entrada precedente-, ya que es allí donde se desata el conflicto principal, el que acaba definiendo la obra. Pero para este caso esto no es un defecto, sino una virtud. La demora tiene una estructura narrativa particularmente atípica; está dotada de una larga presentación en el que se introducen con parsimonia los personajes y su contexto. La sorpresa, el giro narrativo principal, recién tiene aparición cerca de la mitad del metraje. He aquí uno de los puntos desconcertantes de la película, y uno de sus principales atributos y fuentes de incomodidad. El espectador sigue por un buen rato una serie de escenas que ilustran un entorno cotidiano reconocible y opresivo, y acaba desembocando en una situación inadmisible, desquiciada a todas luces. Pero esa introducción, en la que se refuerza la turbulencia con el notable trabajo de María Secco en la fotografía, -que prácticamente no abandona a los protagonistas a lo largo del metraje, y que logra un inquietante punto álgido en la escena dentro del ómnibus- y la convicción de las actuaciones principales, justifica y convence sobre el terrible vuelco narrativo. La demora es una película áspera, conceptual y formalmente sólida, notablemente lograda, socialmente creíble y reconocible. Quizá pueda achacársele cierta confianza excesiva en la solidaridad de los uruguayos: varios secundarios reaccionan de forma intachable ante el conflicto, como el amante de la protagonista, presto y voluntarioso pese a ser reclamado por ella en plena noche y frente a su esposa, algunos vecinos atentos, o incluso los funcionarios del MIDES, que le explican al anciano protagonista clara y concisamente sus intenciones, con corrección y la mejor voluntad.
Pero este apunte circunstancial no podría llegar a opacar a una de las mejores películas uruguayas de los últimos años.

Publicado en brecha, el 1/6/2012

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sigo sin entender qué busca uno como espectador en tus críticas. Achacarle lo que le achacás a la película creo que no tiene fundamento... Creo que como espectador es erróneo buscar "realismo", ese al que "la gente está acostumbrada". Decir "eso no me convence porque no es como en la realidad" es un poco vago.
Yo creo que eso que vos decís que no está del todo acertado es un poco flojo porque te estás olvidando de que una ficción no busca ser realista, al menos eso no creo que es lo que el director busca. Mientras la realidad que encuadre sea coherente con sí misma, no es errado. Capaz que habría que analizar cuál es la intención en describir a cada personaje de esa manera.